Un puñado de pensamientos sobre la escritura


Hace años que dedico la mayor parte de mi tiempo a escribir. Al principio, pura afición, después, empezaron a pagarme por crear contenido. Desde hace casi diez años, en proyectos y blogs personales en Internet. Escribir forma parte de mí, como mi hígado o mi brazo derecho. No podría renunciar a ello porque sería como renunciar a un órgano vital o a una extremidad.

Tengo mis épocas, es cierto. Hay veces que me siento a escribir y no logro sacar ni una línea decente. Hay otras rachas en las que, si no escribo en las paredes, es de milagro. Lleno libretas, entradas de mi blog, capítulos de proyectos que quizá algún día vean la luz, notas del móvil.

Se puede decir que esta última época de mi vida, está siendo así. Creo que he alcanzado cierto equilibrio, cierta calma, que me da el poder de sentarme a escribir y hacerlo.

Hoy quiero compartir contigo algunos pensamientos sobre la escritura, algunos aspectos de mi proceso creativo y ciertos patrones que cada vez que me siento a escribir se repiten.

Primero escribir, luego editar

Hubo un tiempo en el que no avanzaba hasta que las cuatro frases que había enlazado estuvieran perfectas. Pero lo que pasaba era precisamente eso: no avanzaba. Porque nunca llegaban a estar perfectas. Después aprendí que si quería aprovechar el tiempo que dedicaba a la escritura, tenía que hacerlo escribiendo del tirón, y editando después. Éste es el método que utilizo generalmente en el blog; pero se puede utilizar cuando escribes, por ejemplo, una historia, porque dejas que fluya, sin interrumpirla a cada rato borrando, puliendo, cortando y pegando.

Entrena tu músculo de “escribir a diario”

Como la creatividad, la escritura es un músculo. Es un hábito que coges y que, también, puede desaparecer. Hace unos años, cuando era estudiante, creía que la escritura era algo que tenía y que siempre iba a estar ahí. Pero después me di cuenta de que lo tenía porque lo ejercía todos los días. Porque, como quien entrena en el gimnasio, yo entrenaba mi músculo de “escribir a diario”. Cuando dejé de hacerlo, y quise volver a retomarlo, casi lo acabo perdiendo para siempre. OJO con eso.

Edita con alegría

Normalmente la gente te dice que edites lo que escribes como si fueras tu peor enemigo. Yo antes lo hacía así, pero sólo conseguía minar mi autoestima y confianza. Un buen día me di cuenta de que podía editar con alegría. De que no pasaba nada por reescribir un párrafo doce veces. Dejé de machacarme y empecé a abrazar el proceso. El resultado fue una mayor productividad, más confianza en mí misma y sobre todo: más libertad para que las ideas fueran, vinieran y fluyeran con facilidad.

No esperes a que se den las condiciones perfectas

Porque no llegarán. Si te gusta escribir, pero estás esperando a tener tiempo algún día, a jubilarte, o al fin de semana, no escribirás. Tienes que arañar ratos al día, minutos de un viaje en transporte público, tiempo de espera en la cola del súper o en la sala de espera del médico. Puedes sacar media hora para escribir cada día, si te lo propones de verdad. Pero recuerda: el momento perfecto para escribir, no llega nunca. Y si llega, te tiene que pillar escribiendo.

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