Lee esto cuando termines de luchar por ello


Había una vez un hombre golpeándose la cabeza con un martillo. “¿Por qué sigues golpeándote con ese martillo?”, le preguntaron. “Porque”, respondió él, “me sentiré muy bien cuando pare”.

Puede que tú no te estés golpeando la cabeza con un martillo (cosa que espero, no quiero chichones innecesarios), pero puede que sí te estés comportando como el hombre de la historia con otras cosas en tu vida. Párate a pensarlo. Hace tiempo que es evidente. Sigues peleando la misma eterna pelea. Perdiendo el sueño, harto de oírte quejándote siempre de las mismas cosas. Sabiendo, en el fondo, que tu lucha no te está acercando a la libertad o a ningún sitio. Comenzando a ser consciente de que, lo más inteligente que podrías hacer, sería dejar de luchar. Porque ya no tienes ganas, porque el motivo de tu lucha te ha abandonado.

Pero tú sigues golpeándote la cabeza con el martillo, una y otra vez.

Cuando no te queden ganas de pelear, deja de hacerlo

¿Pero cómo? ¿Me estás diciendo que me rinda? ¿Tú que siempre me animas a perseguir aquello que amo y a luchar por mi pasión, me estás diciendo que me deje derrotar? Sí. Porque hay ciertos casos en los que la derrota puede ser un gran victoria. Porque eso me ha costado aprenderlo a mí. Porque tienes que aprender a soltar. Y soltar implica que, de vez en cuando, tengas que dejar de luchar por algo que hace tiempo, lo sabes, dejó de tener sentido.

Pero creo que quiero seguir intentándolo…

Bueno, de acuerdo. Sigue luchando. Vamos a golpearnos con el martillo un poco más. ¿Cuánto tiempo llevas luchando? ¿Cuánto tiempo más vas a seguir? ¿Un mes más? ¿Un año más? No se puede. Tu causa ya no tiene causa. Tu objetivo ya no tiene una línea de meta a la que llegar. Estás cansado. La lucha ha podido a la pasión. Los sacrificios ya no te compensan. Con todo lo que has hecho hasta ahora, si realmente aquello por lo que luchas estuviera llamado a suceder, ya habría sucedido.

Un proyecto. Un puesto de trabajo. Una relación. Un libro. Un cuadro. Un objetivo. Un sueño. Un negocio. 

Hay que saber decir “hasta aquí”. Hay que saber cuándo dejar la lucha y pasar a otra cosa. Hay que saber cuándo dejar de malgastar nuestra energía. Tienes que aprender a tener metas con alma. Y si esas metas dejan de tener alma, no merece la pena que sigas luchando con ellas.

Porque entonces la lucha se vuelve contra ti. Y terminas luchando contra ti mismo. Contra lo que creías que ibas a conseguir y lo que no vas a conseguir finalmente. Ya cuesta hacerse a la idea de que has de abandonar un proyecto, una relación o una idea en la que has invertido mucho tiempo, esfuerzo y amor. No te lo pongas más difícil. No te machaques.

Mira la evidencia, intenta ser objetivo. Y da el paso.

3 formas de facilitar el abandonar proyectos u objetivos por los que ya no vale la pena luchar:

  1. Céntrate en el alivio de darte por vencido. Vas a dejarlo porque ya no quieres luchar, sino estar en paz. Has adquirido muchas lecciones en el proceso, pero ya has asumido que este proyecto no te va a dar nada más. Siéntete aliviado y renueva tus energías. Habrá más proyectos.
  2. Los beneficios de dejar atrás la guerra. Menos peleas, menos sueño, más tiempo, más creatividad, más libertad. Y sobre todo: una energía nueva para arrancar otra vez. De cero, pero en calma.
  3. Busca un nuevo proyecto/sueño. Eso sí: que sea NUEVO de verdad. No te empeñes en resucitar viejos proyectos/sueños que llevan años aparcados. Es hora de cambiar.
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