La energía sigue al pensamiento: el poder de manifestar


De vez en cuando, en Instagram, me divierto subiendo stories en los que intento ilustrar, de forma un poco lúdica, temas intensos que últimamente me inquietan, intrigan y llenan tanto. Me encantaría que, de vez en cuando, os pasaseis por las historias destacadas de mi perfil y que compartáis conmigo vuestras opiniones. 

El poder de manifestar

El caso (y prometo que este momento spam no ha sido gratuito), es que hace unos días compartí unas historias sobre el poder de la manifestación y las afirmaciones. Y como realicé una encuesta y la mayoría votó que quería saber más sobre temas así, he decidido escribir este post, para ampliar un poco la información y sobre todo, para invitaros a que incorporéis esta práctica a vuestro día a día.

Analiza las palabras que usas… contigo

Hace ya unos cuantos posts, os hablé del poder que tenían las palabras para configurar nuestra realidad. De la misma forma, nuestros pensamientos tienen el poder de cambiar por completo nuestra percepción de las cosas. Un estado de humor concreto, un instante de vulnerabilidad o incluso una situación de vértigo ante un cambio drástico en nuestra vida, pueden cambiar de forma radical según qué pensemos sobre ello, o qué nos digamos a nosotros mismos sobre ello.

Del mismo modo, nuestros pensamientos, repetidos de forma continua, pueden llegar a afectarnos de forma que quizá nunca te habías parado a pensar. Por ejemplo: si cada día, delante del espejo, te dices que estás horrible, es muy probable que te veas horrible (y que dé igual que otros te digan que eres hermosa, porque lo eres). O si cada vez que te enfrentas a una situación de estrés, te dices que la situación te supera, que no puedes o que vas a perder los nervios, efectivamente, los acabarás perdiendo.

Pero es que además, si en vez de poner orden en tu cabeza, sacar a la luz tus deseos y repetirte cada día que vas a conseguirlos; decides machacarte con que no vas a conseguir nada de lo que te propongas, probablemente nunca lo consigas.

La energía sigue al pensamiento

Manifestar ciertas afirmaciones puede hacer que nos deshagamos de creencias limitantes o pensamientos tóxicos. Por tanto, mediante la manifestación hacemos tangibles nuestros deseos, tenemos un día a día más positivo y nos sentimos liberados de pensamientos que nos limitan para conseguir nuestros objetivos.

Eres la energía que desprendes, del mismo modo que también la atraes. Tus pensamientos condicionan tu energía y, en fin, sólo cuando te paras a mirar el mundo desde esta perspectiva, te das cuenta de lo importante que es tener una energía limpia y calmada a tu alrededor. Tus pensamientos, tus palabras, la forma en la que dialogas contigo, son claves.

Pero para que la manifestación sea efectiva debes tener dos cosas fundamentales:

  1. Claridad de deseo: qué quieres conseguir, qué quieres cambiar, qué aspecto de tu realidad vas a esforzarte, a qué situación vas a darle la vuelta.
  2. Compromiso: debes comprometerte con tu deseo, para que realmente exista un cambio, y convertirlo en tu nuevo mantra. Repítelo cada mañana antes de salir de casa, escríbelo en un post-it que siempre tengas visible, anótalo en algún sitio que siempre tengas a mano, pon tu manifestación de fondo de pantalla en el móvil. En definitiva: repite tu deseo y manifiesta tu intención hasta que no te quede más remedio que creértelo.

Esto es precioso, pero… ¿Y si no lo consigo?

Bien. Para llegar a la conclusión de que no has conseguido algo, hace falta algo muy importante: intentarlo.

Pero sí, tienes razón. Puede que suceda, porque la vida es así y hay que aceptarla como viene, que lo intentes, que manifiestes tu deseo de forma continua, que de verdad cierres los ojos y tengas fe en conseguir algo, aunque sea un pequeño cambio… Y que no lo consigas. Ahí es cuando los pensamientos positivos, chocan con los negativos y se produce una especie de hecatombe.

En mi opinión, de esa hecatombe pueden surgir dos finales:

a) Que te rindas y no vuelvas a intentarlo.

b) Que dediques el tiempo justo a lamerte las heridas y volver a la carga.

SPOILER: Créeme, porque lo sé: la segunda opción siempre compensa más que la primera.

No ligues tu manifestación a un final feliz, sino a un feliz proceso

Y si realmente el miedo a fallar es tal que te paraliza, y si realmente no conseguirlo puede suponer en ti algo traumático (por la época de tu vida en la que estás, porque te sientes más vulnerable de lo normal o porque no estás teniendo una buena racha), prueba esto: no arraigues tu deseo a conseguirlo o no, no seas positivo para conseguir cosas, ve más allá.

Confía en ti mismo y en tus deseos, no importa lo que suceda. Estarás bien. Que tu manifestación no sea válida sólo si todo sale bien al final o sólo si obtienes lo que deseas. Disfruta del trayecto, del aprendizaje, del reto de proponerte cada día ese cambio, de todo lo que habrás aprendido. Y sobre todo, de la energía que habrás desprendido gracias a esa manifestación poderosa.

Imagen de portada vía Pinterest