Sobre conseguir los objetivos y afrontar los nuevos retos


¿Te has planteado algún objetivo o propósito para el 2018? ¿Tienes en mente algún nuevo reto que quieras asumir? En el fondo, incluso aquellos que digan que eso de los propósitos es una manida tradición, todos tenemos objetivos. Y es con la llegada del año nuevo (en algunas personas, esto sucede con el comienzo “del curso” en septiembre), cuando los manifestamos. El problema es que no siempre tenemos un plan de acción para conseguirlos y que, por tanto, no ha pasado el mes de enero y ya los hemos perdido de vista totalmente.

Pero déjame decirte que si eres de esas personas a las que les gustaría conseguir sus objetivos este año, estás en el lugar adecuado. Yo misma tengo mi propia lista de propósitos que quiero alcanzar, y sobre todo, tengo muchas ganas y energía para llevarlo a cabo. Así que, si necesitas un mapa o una hoja de ruta para empezar, aquí van algunas cosas que voy a poner en práctica. ¿Te sumas?

1. Fija una fecha:

Fijar una fecha en la que le pongas la etiqueta de “Conseguido” a un nuevo objetivo o propósito, es fundamental. Aunque no sea un objetivo profesional (y por tanto, obligatorio), aunque sea un proyecto profesional: si pones una fecha (realista) a tu objetivo, será más factible conseguirlo. Haciéndolo, estás dándole a tu mente una meta, una llegada, un motivo para enfocarse.

2. Divide tus grandes objetivos:

Puede que tengas objetivos pequeños, y también puede que algunos de ellos sean más grandes. Lo primordial, en el segundo caso, es dividir el gran objetivo en metas pequeñas, que puedan cumplirse a corto-medio plazo y que vayan acercándonos al objetivo final. Por ejemplo: mi objetivo de este 2018 es escribir (¡por fin!) la novela que tengo en mente, pero en vez de plantearme ese gran propósito, voy a dividirlo en pequeñas metas como X páginas al mes, X palabras al día, para X fecha voy a tener X%… Estas pequeñas metas nos ayudan a conseguir que un objetivo grande sea más alcanzable, y a la vez, nos motiva para continuar.

3. Crea tu plan:

Coge un papel y un bolígrafo (si no acostumbras a hacerlo, te recomiendo escribir más a mano). Y escribe esas pequeñas “fases” o metas cortas de tu gran objetivo. Después, pon ese papel en un lugar visible y, lo más importante (y satisfactorio): a medida que cumplas una fase, táchala de la lista. De esta forma, harás visible tu progreso y serás consciente de las fases o metas cortas que quedan para alcanzar tu objetivo. Así, si trabajabas bien bajo presión, es una buena forma de meterte caña cuando te dé pereza o cuando sientas que no vas a conseguirlo. También puedes acudir a métodos que ya existen, como éste.

4. Prémiate:

De vez en cuando, concédete premios. Sobre todo si estás en la recta final de tu gran objetivo o de alguna de tus fases. Haz una lista de cosas que te gustan mucho, que te relajan o que te gustaría tener (sí, en este caso, las cosas materiales también cuentan, ¿por qué no?) y fija cada una de esas cosas al final de cada fase que hayas diseñado en tu plan. Así, incentivarás a tu mente para conseguirlo.

5. Sé honesto:

Lo más importante de los objetivos, es que no tiene que ser Año Nuevo para fijarlos. Aunque es una buena época para empezar, nadie te dice que dentro de dos meses, un nuevo reto llame a tu puerta y te pida ser afrontado. Así que recuerda que la honestidad contigo, es fundamental. Eso te ayudará a fijar metas factibles (¡ojo! Factibles no quiere decir poco importantes) y a saber cuándo tienes que renunciar a alguno de tus propósitos, por otro que surja más adelante. De hecho, recuerda: dejar ir, a veces, es una solución a muchos quebraderos de cabeza. Si tu objetivo no te llena lo suficiente, o no te aporta lo que debería, déjalo marchar y libera espacio para nuevos retos. Con esto no quiero decir que te rindas a la primera (¡al contrario! La mayoría de objetivos que fijarás, requerirán por tu parte cierta constancia), pero sí que seas capaz de conocer tus propias limitaciones y el momento exacto en el que debes retirarte.

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