Por qué a veces tu esfuerzo no tiene su recompensa


Mi madre siempre me dice: “Trabajes en lo que trabajes, hazlo como si la empresa fuera tuya”. Dejarse la piel. Da lo mejor de uno mismo. Esforzarse al máximo. Todos ellos son conceptos que, seguro, te son familiares. Pero a veces puedes pensar, ¿y todo eso para qué? Si hay muchas veces (más de las que nos gustaría) que no recibimos ningún tipo de recompensa, que nadie nos lo reconoce, que nadie nos lo agradece. Y no sólo hablo de un nivel laboral, sino en cualquiera de los ámbitos de nuestra vida. Por qué si nos hemos dejado (literalmente) los cuernos en hacer algo, no vemos una recompensa acorde a nuestro esfuerzo.

La respuesta es sencilla: porque la vida no es justa.

No recibir recompensas a nuestro esfuerzo, sea cual sea el ámbito de nuestra vida en el que lo implementemos, puede llegar a ser muy frustrante y puede llevarnos a generar pensamientos y emociones muy negativas. Por eso, cuanto antes asumamos que la vida es así, mejor podremos “reciclar” esa negatividad y transformarla en algo práctico.

Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa. (Gandhi)

Acepta la realidad

Cuando no recibes la recompensa a tu esfuerzo que crees que mereces, puedes machacarte pensando que no es justo, que te mereces más, que mira todo el tiempo que le has dedicado, que hay que ver todo lo que has tenido que sacrificar por ello… Pero lo cierto es que lo mejor es abandonar esos pensamientos rápido. Debemos reponernos y decirle a nuestra mente que la vida no siempre tiene justicia para todos. Y que si no es justa con aquellos que sufren sequías, hambre o guerras… ¿Por qué sí iba a serlo con nosotros? Aquello a lo que llamamos “injusticia” es un concepto muy variable y, por eso, es mejor reponernos cuanto antes de los pensamientos negativos y aceptar la realidad: no siempre vas a obtener la recompensa o el reconocimiento que te mereces (porque no dudo que lo merezcas). Y tienes dos opciones: lamentarte, o pasar a la acción y resetear tu mente.

No te compares

No hay nada peor que esforzarse mucho en algo, no obtener recompensa; y sin embargo, ver que el vecino, que se ha esforzado la mitad, obtiene el doble de reconocimiento. Sin embargo, no es útil ni práctico envenenarnos con esa idea. Es mucho mejor pensar que el tiempo pone a cada uno en su lugar. Y que, aunque esta vez el vecino ha recibido una recompensa mayor a la que merecía, es probable que en el futuro, la situación se revierta totalmente. Evita compararte: no es sano y además, puede acarrearte mucha infelicidad.

Trabaja y confía

Piensa que antes que una recompensa, lo que necesitas es estar CONFORME y en paz con tu propio esfuerzo. Si tú sabes que has hecho todo lo que podías hacer, de la mejor forma que podías hacerlo, esa debe ser tu primera y mejor recompensa. Y recuerda: la vida no es lineal y suele dar muchas sorpresas. Por eso, es mejor confiar en que, si das siempre lo mejor de ti, algún día llegará la recompensa justa a tu esfuerzo. En este sentido, la confianza en ti es esencial. No la pierdas por la falta de aprobación externa, y busca siempre tu propia aprobación.

POSDATA:

La recompensa que recibas a tu esfuerzo (o mejor, la que no recibas) siempre tendrá el valor que tú le des. Intenta ser objetivo, darle a cada cosa su importancia y, sobre todo, tener claro que las cosas importantes en la vida no suelen necesitar recompensas.

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