Por qué te sientes como un impostor de tu propia vida


Hay dos aspectos de ti con los que, pase lo que pase, vas a tener que luchar a lo largo de tu vida. El primero es la inseguridad y el segundo, el miedo al qué dirán. Ambos aspectos forman parte de nosotros, sea cual sea nuestra personalidad. Necesitamos la aprobación de los demás y no tenerla nos hace sentir inseguros. La solución, en teoría, es fácil, ¿verdad? “Que le den al qué dirán, si a alguien no le gusto, que no me mire. Yo sigo adelante haciendo lo que quiero y lo que me gusta”.

Repito: en teoría. Pero hoy vamos a ser prácticos.

El síndrome del impostor

Sentirte como un impostor de tu propia vida es una de las (muchas) cosas que se desencadenan de la inseguridad. Sentir que no mereces el éxito profesional que has ido trabajando, o que tus logros no son suficiente. Tener tendencia a minimizar aquellas cosas que logramos porque estaría feo ir por ahí diciendo que somos la hostia, no vaya a ser que alguien diga que somos unos creídos. ¿El resultado, cuando esto se repite de forma sistemática a lo largo de nuestra vida? Que terminamos creyéndonos que, efectivamente, no somos dignos de lo que hemos logrado, que no nos merecemos ninguno de nuestros éxitos (profesionales o personales, da igual).

Afecta más a las mujeres

Hay muchas mujeres famosas como Kate Winslet, Jennifer Lopez o Emma Watson que han admitido haberse sentido un fraude en más de una ocasión. No parece algo descabellado que, en la mayoría de los casos, el síndrome del impostor afecte más a las mujeres que a los hombres, teniendo en cuenta el mundo en el que nos movemos. Un mundo que, en muchos aspectos, sigue siendo todavía machista y que nos ha enseñado que para tener éxito y conseguir un trato igualitario debemos ser perfeccionistas, autocríticas, competitivas frente a otras mujeres y exigentes con nosotras mismas. Si además tienes que fingir para ocultar al resto cómo te sientes, ¡te terminas sintiendo como una doble impostora!

“El síndrome del impostor en mujeres podría definirse como la falta de autoestima para desempeñar un puesto en espacios tradicionalmente masculinos, por el cual se tiene la necesidad de trabajar más y mejor para tener derecho al reconocimiento” (“Por qué el ‘síndrome de la impostora’ sigue atormentando a las mujeres”, vía SModa)

Eres (puto) suficiente

El síndrome del impostor puede conducir a una completa infelicidad. Creerte un fraude en cualquiera de los ámbitos de tu vida y no ser capaz de disfrutar de tus logros (sean grandes o pequeños), puede acarrear problemas de confianza serios, incluso a problemas a la hora de presentarnos a un puesto de trabajo, a la hora de emprender un proyecto o cuando nos relacionamos con los demás.

Así que, permíteme que antes de contarte cómo lidio yo cuando me siento un fraude, te diga algo: ERES SUFICIENTE. Recuérdatelo cada día, grábatelo, tatúatelo o póntelo en un post-it en la frente. Pero que no se te olvide. Nunca.

#1. La perfección no existe

Buscar ser perfecto en tus relaciones, en tu trabajo, en tu forma de socializar o en tus proyectos creativos (así como en cualquier otro aspecto), es una fuente de infelicidad. La perfección no existe, o al menos, no de la forma en la que nos han hablado de ella. Existe a pequeñas porciones, en pequeños momentos o lapsos de tiempo que, por supuesto, no duran mucho. No la persigas, deja que venga a ti, en la pequeña y diminuta medida en la que siempre llega, y aprende a disfrutar de tu imperfección.

#2. Deja de compararte

Da igual lo bonito que sea su Instagram o la cantidad de cosas molonas que haga esa persona o ese compañero con el que, día a día, te comparas. Recuerda: todo el mundo tiene sus mierdas, así que compararte no sólo es poco práctico, sino que además es irreal. Es cierto: a veces parece que la hierba crece más verde en el jardín del vecino, pero quizá no es porque tenga un jardín perfecto, sino porque se ocupa de regarlo cada día (¡toma metáfora!).

#3. Ninguna meta te hará sentir completo

Los humanos vamos de un objetivo al siguiente. Piensa en algo que deseabas conseguir con todas tus fuerzas y que finalmente conseguiste. ¿Te conformaste? Probablemente no. Porque a no ser que seas una piedra o un helecho, tu naturaleza te va a impulsar a ir a por nuevas metas. Celebra, eso sí, cada pequeña victoria que consigas, y alégrate de haberlo hecho. Piensa en toda la gente que se queda por el camino. Tú estás ahí. ¡Y lo estás haciendo bien!

POSDATA:

Sé lo que es sentirte un fraude. Sé lo que es recibir un halago y que te parezca que hablan de otra. Sé lo que es no sentirte suficiente con nada de lo que consigues. Pero, una vez que saltas esa barrera que tú mismo te impones, y te das cuenta que no hay que ser perfecto para ser feliz  y que está bien ser autoexigente pero que eso no significa que debas automacharte, la vida cambia por completo.

Imagen de portada vía Pinterest