Por qué la filosofía slow puede cambiar tu vida


Si terminas el día deseando que, en vez de 24 horas, tuvieran 40; si vas siempre con prisas y aun sí sigues llegando tarde a todas partes; si te pasas los siete días de la semana ocupado, pero sientes que no aprovechas el tiempo; si te has vuelto seriamente adicto al multitasking, necesitas echar el freno. Te lo digo por experiencia.

En los tiempos en los que decimos más veces “no me da la vida” que “hoy voy a hacer algo que me gusta”, ha llegado un nuevo concepto de filosofía que nos ayuda a ver que a veces, es mejor echar el freno antes de colapsar. Nuestra mente está alerta y atenta a los cientos de estímulos. Vivimos a un ritmo completamente frenético y no sabemos desconectar. Y puede que tú pienses que a ti esto no te pasa, que este no es tu modo de vida, pero párate a analizar cómo es un día completo en tu vida. ¿Cuánto tiempo tienes para hacer algo que realmente te gusta? ¿Para hacer realmente nada? ¿Para pensar en tus cosas? ¿Para no dedicarte SÓLO a tus obligaciones? Nuestros momentos de ocio y, lo más importante, nuestros momentos con nosotros mismos, son tan escasos que nos resulta más fácil vivir con el piloto automático puesto y simplemente, dejar que nuestros días pasen como buenamente se pueda.

Filosofía slow contra la enfermedad del tiempo

Con todo esto, ¿crees que el hecho de que el estrés o la ansiedad estén consideradas enfermedades propias del siglo XXI en los países occidentales es causalidad? Obviamente no. Nuestro ritmo es frenético y por todo ello, ha surgido y cada vez tiene más adeptos la filosofía slow. Que no pretende más que desacelerarnos, que tranquilizar nuestro entorno y que ayudarnos a prestar atención a una única cosa cada vez.

Hoy todo el mundo sufre la ENFERMEDAD DEL TIEMPO: la creencia obsesiva de que el tiempo se aleja y debes pedalear cada vez más rápido (Carl Honoré).

Sí, se puede vivir sin prisas

De camino al trabajo, te encuentras con un atasco. Un atasco que no puedes evitar. Tu coche está ahí, parado entre los otros cientos de coches, sin avanzar durante un largo rato. Tienes dos formas de afrontar esto: la primera es sentir una horrible ansiedad que después te lleve al enfado y a la rabia, para después revolverte en tu asiento, resoplar y agobiarte pensando en cómo vas a disculparte con tu jefe por llegar tarde. La segunda forma es aceptar que la situación se escapa de tu control y que por mucho que te cabrees no vas a salir antes de la carretera. Entonces respiras hondo, sacas un libro, te pones los cascos y te relajas.

Bien, pues esto es aplicable al resto de cosas de nuestra vida cotidiana. Recuerda: si cabrearte, no suma; que tampoco reste. No quiere decir que te lo tomes todo bien, no quiere decir que oprimas tus sentimientos negativos, no quiere decir que no te enfades cuando tengas que hacerlo. Lo que quiere decir es que pienses: ¿merece la pena que tome la vía de las prisas o el estrés? Si la respuesta es no, respira hondo y cuenta hasta diez.

IMPORTANTE: La filosofía slow no es una dictadura

Los detractores del movimiento slow critican que “gracias a él” ahora todo tiene que ser consciente, lento, zen, profundo, ecológico, vegano… Pero yo creo (y baso mi opinión en las decenas de expertos que hay sobre el tema) que la filosofía slow sólo funciona cuando sabes adaptarla a tu vida (y obviamente, la vida de cada persona es diferente). Claro: vas a cambiar cosas de tu día a día, pero nada de extremos. No te juzgues si en unas cosas consigues implementar más este pensamiento que en otras, o si simplemente no quieres cambiar ciertas cosas de tu vida, porque es totalmente legítimo. En este tema no existen las dictaduras. Es una nueva forma de vivir, aplicable a un montón de hábitos y elementos de nuestra vida, pero que sea aplicable no quiere decir que sea algo obligatorio. No conviertas la filosofía slow en la enfermedad de la prisa de nuevo: ve a tu ritmo, no te juzgues y sobre todo, no juzgues a los demás.

Como siempre, no lo digo yo

En Elogio a la lentitud, Carl Honoré habla de que estamos sumergidos en un ritmo que está acabando con nosotros. Y que, pese a que al principio ese ritmo incansable puede resultar hasta excitante, y compararse con algo que nos provoque sensación de adrenalina. Sin embargo, a la larga podemos entrar en una espiral muy destructiva. De esta forma, frenar se convierte en un acto de pura supervivencia:

La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu cuerpo y a tu mente, de evitar preguntas importantes. Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones, de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos qué es lo realmente importante (Carl Honoré).

3 claves de la filosofía slow para empezar a aplicar en tu día a día

Si quieres empezar a aplicar este concepto a tu vida, además de que te animo a que leas e investigues todo lo que caiga sobre él en tus manos, aquí te dejo 3 pistas:

  1. Una cosa cada vez: empieza por desechar la multitarea. No eres más productivo cuantas más cosas puedas hacer a la vez. Prueba a concentrarte al 100% en cada tarea que tengas que hacer y te darás cuenta que eres mucho más efectivo cuando pones más foco en una cosa cada vez.
  2. Respira hondo: ante situaciones que puedan desestabilizarte, párate un minuto a respirar hondo, intenta meditar tu reacción y sobre todo, cómo te sientes en dicha situación. Elige cómo quieres sentirte o pregúntate si merece la pena. ¿Crees que no da tiempo a pensar todo eso? Si no tienes prisa para reaccionar, entonces sí.
  3. Vive más el aquí y el ahora: el momento presente es más importante de lo que parece. Es el momento que se convertirá en tu futuro. Debes aprovecharlo al máximo y concentrarte lo más que puedas en vivirlo y en crecer.

POSDATA:

Insisto en la idea de que este post, al igual que el libro de Honoré, no es una declaración de guerra a la velocidad. Hoy en día no queremos vivir alejados de Internet o no queremos renunciar a volar barato y estar en cualquier ciudad en poco tiempo. Simplemente, a veces llevamos la velocidad demasiado lejos. En mi caso, descubrir la filosofía slow (o más bien, intentar aplicarla a mi vida), ha hecho que me quite de encima mucha de la ansiedad, el estrés o las prisas con las que cargaba como un lastre. Y de verdad, el peso que te quitas de encima cuando aprendes que el tiempo contigo no es negociable y que necesitas ir más despacio en general, para sacar tiempo y emplearlo en cosas que realmente te llenan y te hacen alegrarte por estar vivo, es casi como una liberación.

Imagen de portada vía Pinterest