No hace falta “sentirse bien” todo el tiempo (de hecho, creo que no se puede)


Cuando vi Inside Out de Disney no me pareció una película para niños. O al menos, no sólo para niños. Porque creo que, a los adultos, aquella película nos transmitió un mensaje clave: no podemos evitar los sentimientos negativos. No podemos suprimir la tristeza o la ira o la rabia de nuestra vida, no podemos retener cualquier emoción que no sea estar activo, y alegre y contento y feliz. Porque es cuando lo hacemos cuando corremos el riesgo de ser profundamente infelices.

Y en estos tiempos de Mr. Wonderful, es importante saber que no siempre se puede estar bien, pero que es que además, no hace falta. Que hay días de mierda, en los que estamos más cansados, enfadados o molestos con algún aspecto de nuestra vida o con alguna de las personas que habitan en ella. Y que no pasa nada.

Son muchos expertos los que han alertado sobre esa presión que tenemos de estar siempre felices (y de, encima, tener la “necesidad” de compartir esa felicidad en Redes Sociales). Porque, según estos mismos expertos, el tira y afloja entre las emociones positivas y las emociones negativas, contribuye a una vida balanceada y mucho más completa. No se trata de regodearse en la tristeza, pero sí de abrazarla cuando llega, de “disfrutar” de nuestro derecho a no tener un día maravilloso, porque para eso somos humanos imperfectos.

Es cierto. En este blog me quiero enfocar mucho en cosas (conceptos, creencias, nuevas formas de mirar el mundo) que amplíen el bienestar de quien dedique su tiempo a leerlo, pero sé que para que exista ese bienestar, las personas tenemos que pasar por etapas no muy positivas. Sentir que algo no va bien en nosotros es doloroso. Tener miedo, sentir ansiedad e incomodidad, tener estrés y colapsar, estar triste… Son procesos por los que todos pasamos, son parte de nuestra realidad, y no podemos obviarlos o hacer como que no suceden. Lo que sí podemos hacer es tener lo que los psicólogos Todd Kashdan y Robert Biswas-Diener llaman en su libro, The Power of Negative Emotion, “agilidad emocional”. Es decir: ser capaces de acceder a nuestra gama completa de emociones (y no sólo a las positivas), para tener una vida satisfactoria.

Descartamos prematuramente nuestros sentimientos, pensamientos e impulsos dolorosos sin darles una oportunidad justa. Seducidos por los beneficios evidentes de la bondad, la compasión, el optimismo y la positividad en nuestra salud, relaciones sociales y trabajo, a menudo olvidamos el valor de estados incómodos. Sin embargo, nuestras mentes cambiaron en esta cuestión cuando consideramos los resultados de una serie de estudios que muestran que la felicidad a veces falla y que los estados negativos a veces son buenos. (The Power of Negative Emotion)

Sobre todo, porque al final, en algún punto del camino, todas esas emociones negativas reprimidas, vuelven. Como cuando no curas una herida y vuelve a sangrar al tiempo, o se vuelve a abrir cuando te das un golpe. Así que recuerda: tienes derecho a tener un día de mierda, tienes derecho a llorar, a enfadarte y a tener miedo. Tienes derecho a caerte y tienes derecho a tropezar, a fallar y a fracasar. Eso sí: recuperarte, volver a tu vida e intentarlo de nuevo, es obligatorio.

POSDATA:

Espero que no me malinterpretes. No es que no quiera que te sientas bien ni que no seas feliz. Ojalá pudiera firmar un papel en el que te asegurara la felicidad plena durante toda tu vida. Pero eso es imposible, igual que es imposible ser perfecto o que llueva desde el suelo al cielo. En parte creo, además, que buscar la felicidad oprimiendo partes de nosotros como nuestra negatividad en ciertos momentos, sólo nos haría desgraciados. Aceptarse a uno mismo (tanto en nuestra luz como oscuridad propias), es una parte importante para vivir de forma plena y en paz. No lo olvides.

Imagen de portada vía: Pinterest