Cambiar de vida: cuando algo no encaja y por dónde empezar


Hace unos meses colapsé. Tenía un dolor de espalda que no se iba, una “ligera” obsesión por el control de todo (todo, todo) y había perdido la habilidad de escribir y la capacidad de desconectar. Me miraba al espejo y me costaba reconocerme. Seguía haciendo mi vida diaria, seguía con mi rutina, pero algo había dejado de encajar, quizá hacía mucho tiempo, y ya no era capaz de recuperarlo.

El día que colapsé me pasé más de cuatro horas delante del ordenador, leyendo cosas que escribí hace años y releyendo posts de mi antiguo blog (por aquel entonces, completamente abandonado). ¿Desde cuándo había perdido la pasión? ¿En qué momento decidí que todo aquello, en lo que había empleado tanto tiempo y esfuerzo, no me representaba? ¿Por qué no me había dado cuenta antes de que había dejado de ser yo, en cierto modo?

Lo peor de hacerte preguntas a ti mismo, son las respuestas. Si eres completamente honesto contigo, pueden doler incluso más que si vinieran de un extraño, más que la más dolorosa crítica. Pero es un proceso necesario por el que todos deberíamos pasar. Nos ayuda a conocernos, a valorar nuestras emociones y a ser conscientes de nuestra situación en el momento presente. Nos ayuda a discernir entre lo que queremos y lo que no, entre quiénes somos y quiénes no seremos nunca más.

Más sencillo de lo que crees:

Cuando oigo hablar a la gente sobre hacer cambios en su vida, me da la impresión que lo plantean como una obra faraónica. He experimentado mi propio cambio de vida (sigo haciéndolo, de hecho) y no me parece que necesariamente tenga que ser una obra faraónica. Muchas veces, los cambios de vida no pasan por una mudanza, un cambio de trabajo o de pareja. A veces los cambios de vida pasan por uno mismo, por la concepción que tenemos del mundo, por la concepción que tenemos de nuestra propia vida, por la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Si la gente supiera que es tan sencillo empezar a cambiar, en vez de asustarse, el ser humano sería muchísimo más interesante.

Hace unos meses colapsé, y ése fue el inicio de mi cambio. El final todavía no lo conozco. No sé a dónde me llevarán las nuevas cosas que estoy abrazando en mi vida, pero no tengo miedo. De momento hago yoga y no tengo dolores de espalda, he vuelto a escribir con toda mi intención y mi compromiso, y soy consciente de la importancia que tiene disfrutar de no hacer nada, de desconectar o de tomarnos el tiempo para reflexionar.

Empieza a cambiar de vida hoy:

Así que, si me preguntas cómo empezar un cambio en tu vida, sin duda, yo lo plantearía (lo planteo cada día) así:

  1. Sé honesto contigo mismo: para cuando yo me di cuenta que algo no estaba encajando en mí, llevaba más de un año con mi blog abandonado y sin escribir una sola línea de cualquier otro proyecto. Muchas veces no somos conscientes de que necesitamos el cambio, hasta que llega el día en el que nos percatamos de que no estamos siendo nosotros mismos. En este momento, necesitamos echar la vista atrás y preguntarnos por qué, qué es lo que ha pasado o si queremos (quizá, no sé, tú estás mucho mejor así) cambiar algo. La clave de estas preguntas es ser honestos. Aunque una vocecita en nuestro interior nos machaque con respuestas que no queremos oír. En mi caso: “has dejado de hacer aquello que te hacía más feliz”, “has descuidado tu vocación”, “hace unos años nada te impedía escribir cada día”, “porque eres una vaga”, “porque estás obsesionada con controlarlo todo”, “porque te pasas la vida alerta”. Ya te aviso: recibir esas respuestas va a doler. Pero es necesario.
  2. Marca tus objetivos: no plantees aquello que quieres cambiar como una gran obra faraónica. Elimina el paradigma que te dice que un cambio de vida pasa por grandes cambios en general. Márcate objetivos a corto plazo, pequeños objetivos con los que revertir una situación o con los que adaptar tu vida a quien eres ahora. ¡Ojo! Estos objetivos no son cosa de un día, sino fruto de una reflexión que a cada persona le lleva un tiempo diferente.
  3. No culpes a nadie: no es culpa de nadie que te sientas como una mierda o que creas que en tu vida hay algo que no funciona. Así que, recuerda: en el proceso por cambiar aquello que no te gusta, debes intentar no ser destructivo con la gente que te rodea. Has sido tú el que ha llegado al punto de colapso y eres tú el que debe tratar de cambiarlo. El cambio empieza en ti. 
  4. Sé constante y deja que las cosas fluyan: cuanto más leas, bucees, te informes y salgas de tu zona de confort, más fácil será encontrar el camino hacia tu cambio. En estos meses he leído libros que creía que no iba a necesitar leer en la vida, he visto documentales sobre temas que nunca me habían interesado y me paso mi tiempo libre escribiendo, investigando y alimentando mi alma de cosas nuevas, interesantes y sobre todo, que me hacen sentir bien.

POSDATA:

Te he dicho que no culpes a nadie, pero se me ha olvidado decirte que no te culpes a ti mismo. Querer cambiar es pura evolución. ¿Eres la misma persona que hace diez años? Probablemente no. Los cambios muchas veces los hacemos de forma inconsciente, y por eso, cuando los hacemos con intención, pueden resultar tan abrumadores. Pero no pasa nada. No tienes la culpa de no corresponderte con tu actual versión de ti mismo, por querer más, por buscar otras cosas que te llenen. No tienes la culpa de que te gusten cosas que antes no te gustaban, o de que te interesen cosas que ni en un millón de años hubieras creído que te interesarían. Esto, amigo mío, es la vida.

Imagen de portada vía: Pinterest